El “bienestar mental” no se construye solo con hábitos puntuales: se sostiene con un sistema. En ese sistema, el fitness (fuerza + cardio) es el pilar más robusto para proteger y potenciar la salud cerebral. La crioterapia puede sumar como herramienta complementaria, especialmente en recuperación, gestión del estrés y bienestar, cuando se usa con criterio.
La salud cerebral se refiere al funcionamiento óptimo de procesos cognitivos (atención, memoria, toma de decisiones), emocionales (regulación del estrés y estado de ánimo) y motores. Mantenerla es clave para rendir mejor en el trabajo, entrenar con más consistencia y vivir con más energía.
Si tu objetivo es cuidar el cerebro con impacto real y sostenido, la base es actividad física regular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye la actividad física dentro de las recomendaciones basadas en evidencia para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2019).
Mejora de la función cognitiva: una revisión sistemática con meta-análisis en adultos mayores de 50 años encontró que el ejercicio supervisado mejora el rendimiento cognitivo, con beneficios observados en distintos tipos de entrenamiento (aeróbico, fuerza y multicomponente). (Northey et al., 2018)
Cambios estructurales asociados a memoria: un ensayo controlado aleatorizado publicado en PNAS mostró que el entrenamiento aeróbico puede aumentar el volumen del hipocampo (zona clave para memoria) y mejorar el rendimiento de memoria en adultos mayores. (Erickson et al., 2011).
Aptitud cardiorrespiratoria y riesgo de demencia: un estudio prospectivo poblacional en The Lancet Public Health halló que mantener o mejorar la aptitud cardiorrespiratoria se asocia con menor riesgo de demencia. (Tari et al., 2019)
Neuroplasticidad y BDNF: un meta-análisis mostró que el ejercicio se asocia con aumentos de BDNF (factor relacionado con neuroplasticidad), especialmente tras ejercicio agudo. (Szuhany et al., 2015)
Fuerza: 2–3 sesiones/semana (movimientos básicos, progresión gradual).
Cardio: 2–3 sesiones/semana (base aeróbica +, si se desea, intervalos puntuales).
Movilidad y respiración: 10–15 min, 2–4 veces/semana como higiene del sistema nervioso.
La idea no es entrenar perfecto: es entrenar con constancia.
El entrenamiento es un estímulo. La recuperación es el proceso que consolida adaptaciones (físicas y mentales). A nivel cerebral, tres elementos mandan:
Sueño: protege atención, memoria, estado de ánimo y rendimiento diario.
Gestión del estrés: respiración, caminatas, exposición a luz natural y pausas reales.
Estrategias de recuperación (cuando aportan): calor, movilidad, y —como complemento— frío.
La crioterapia (inmersión en agua fría o crioterapia de cuerpo completo) puede aportar por dos vías: respuesta fisiológica aguda y percepción de recuperación/bienestar. La evidencia es prometedora, pero no tan sólida ni universal como la del fitness.
Respuesta hormonal y simpática: en un estudio clásico, la inmersión en agua fría (14 °C) aumentó en plasma noradrenalina (+530%) y dopamina (+250%). Es una señal de respuesta fisiológica intensa (no equivale automáticamente a “mejor cognición”, pero sí refleja activación).
En una revisión sistemática reciente (PLOS One, 2025), la inmersión en agua fría mostró efectos dependientes del tiempo sobre variables como estrés, sueño y calidad de vida, aunque los autores remarcan limitaciones: pocos ensayos aleatorizados, tamaños pequeños y poca diversidad de muestras.
Frío y rendimiento cognitivo: una revisión sistemática concluye que, en muchas condiciones, la exposición al frío puede deteriorar dominios cognitivos como atención, velocidad de procesamiento, memoria y función ejecutiva (resultados variables según protocolo y contexto).
Salud mental (crioterapia de cuerpo completo): un meta-análisis encontró evidencia preliminar como intervención complementaria, sobre todo en síntomas depresivos, pero insiste en la necesidad de ensayos más robustos.
La regla práctica es clara:
Evita convertir el frío en un “automatismo” inmediato después de sesiones clave de fuerza. Hay estudios que indican que la inmersión post-entrenamiento puede atenuar señales anabólicas y, con uso frecuente, reducir hipertrofia (sin necesariamente afectar la ganancia de fuerza del mismo modo). (Fyfe et al., 2019)
Mejor enfoque: separar el frío del estímulo de fuerza (más tarde, o en días de menor carga).
La crioterapia puede encajar bien como herramienta de “reset” y apoyo al bienestar, especialmente en semanas de carga mental alta o cuando necesitas mejorar la percepción de recuperación (siempre con protocolos razonables y tolerables).
La exposición al frío no es para todo el mundo. Si hay antecedentes cardiovasculares, hipertensión no controlada, síncopes, embarazo o condiciones médicas relevantes, lo prudente es consultar con un profesional de salud antes de aplicar protocolos intensos.
Para la salud cerebral, el orden de prioridades es:
Fitness (fuerza + cardio): la base con evidencia más sólida para cognición, cerebro y prevención a largo plazo.
Recuperación: sueño y gestión del estrés como multiplicadores reales.
Crioterapia: complemento útil para algunas personas, especialmente en bienestar y recuperación, con evidencia prometedora pero limitada y dependiente del contexto.